Mis obras perdidas. 2ª Parte

En esta segunda entrega voy a hablar sobre el mayor dolor que he sufrido al ver desaparecer algo en el universo de la red. Ya he hablado en alguna ocasión de que en abril de 2011 entré a trabajar en Aragón Sport, una web de deportes que quería afianzarse como un diario on line que compitiera con las secciones de Heraldo y el Periódico de Aragón. Pero hoy lo haré con mayor detalle.

Era un proyecto muy serio y ambicioso, pero tenía un inconveniente: solo contaba con dos redactores cuando yo llegué y uno de ellos solo escribía una columna de opinión diaria. Materialmente era imposible competir con nadie. Había otro que también escribía ocasionalmente.

Había pasado dos años en el Periódico y nueve meses en Heraldo, mi carrera profesional iba avanzando, estaba satisfecho. En los dos diarios había sido becado por dos entidades: la Fundación Empresa Universidad y un Plan de Formación de la Universidad San Jorge de doce meses, me restaban tres al salir de Heraldo y los gasté en Aragón Sport.

El primer mes fue de despegue. El compañero que trabajaba allí cuando llegué lo conocía de vista de la universidad, iba un curso por debajo del mío. Llevaba algunos años realizando una labor encomiable. Él solo había sacado las castañas del fuego de un proyecto que tenía más ambición que medios para llevarlo a cabo. Juntos nos organizamos muy bien y fuimos cubriendo todas las actualidades de los distintos equipos deportivos profesionales (hasta los de tercera o cuarta categoría) de Aragón. Informábamos de fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, waterpolo, fútbol sala, hockey sobre hielo, atletismo y conmigo empezamos a hablar de boxeo y artes marciales mixtas, campos que dominaba a la perfección, entre otros muchos deportes menos conocidos por el gran público.

Empezamos a hacer entrevistas, actividad a la que antes no llegaba. Yo entrevisté a Ángel Navarro, entrenador del equipo de baloncesto Peñas Huesca. Todo empezaba a ir sobre ruedas, pero al empezar el segundo mes me encontré con la terrible noticia de que mi jefe había decidido prescindir de mi compañero. Estaba con una beca, pero las razones para justificar su marcha fueron otras decisiones empresariales.

Hice de tripas corazón y me quedé solo (con una colaboración diaria en forma de columna de opinión) ante todo un barco que navegar. Afortunadamente, era mayo, la mayoría de competiciones estaban terminando. Hice lo que pude y escribí muchísimo, más que en todo lo que llevaba en mi carrera profesional. Conseguía fotos de webs oficiales u otros medios (siempre nombraba la fuente y ponía un link) porque no teníamos fotógrafo más que para los partidos del Real Zaragoza y a veces de la SD Huesca, insuficientes para cubrir todo el espectro. Conseguía notas de prensa de comunicados de clubes y procuraba estar al día de todo. Lo fui llevando bien.

Tuve libertad para hacer reportajes y entrevistas que me interesaban. Los ex zaragocistas Xavi Aguado y Jesús Glaría (presidente de la Asociación de Veteranos), el entrenador del BM Aragón Mariano Ortega, del BM Huesca José Nolasco, del CAI Voleibol Teruel Óscar Novillo, del entonces recién ascendido a Segunda B Andorra CF Pascual Sanz, la nadadora Teresa Perales, Víctor Lapeña del Mann Filter y de la que más orgulloso me sentí: Enrique Llena, técnico aragonés que aún hoy es el seleccionador de Nicaragua. También entrevisté a entrenadores de kickboxing y de boxeo, como José Antonio López Bueno (bicampeón del mundo), José Ramón Escriche y Sergio Labandera, a los boxeadores Fernando Yanguas y Miguel Ángel Peña y al kickboxer Abel Uribe, introductor del bricpol en Aragón. Todos tuvieron la amabilidad de atenderme durante aquellos maravillosos meses, pese a lo complicados que fueron.

También entrevisté a políticos. En aquel mayo se celebraron elecciones municipales y autonómicas y perseguí a los candidatos de todas las formaciones políticas y responsables del área de deportes para hablar. Solo me atendió en persona el Coordinador de Izquierda Unida en Zaragoza José Manuel Alonso. Me contestaron por email el Secretario General de Chunta Aragonesista Juan Martín y el concejal del Partido Popular Sebastián Contín, responsable del área de deportes, entre otras.

Estuve presente en casi todas las ruedas de prensa del Real Zaragoza de aquel verano de 2011. Vi cómo llegaban tres administradores para poner en marcha la ley concursal del club. La despedida de los jugadores Ander Herrera y Gabi, el entonces capitán (que lo único que dijo fue que estaba contento por irse al Atlético de Madrid). También vi las presentaciones de ilusionantes fichajes que posteriormente no llegaron a convertirse en leyendas del club, como Edu Oriol, Abraham Minero, Juan Carlos, Mateos, Juárez, Barrera

Cubrí veladas de boxeo, artes marciales mixtas, el Campeonato de España de Deportes de Contacto organizado por la FIDAM (Federación Internacional de Artes Marciales), estuve en las presentaciones de la Quebrantahuesos, espectáculos de motor show en la Plaza de Toros y la llegada del alpinista Carlos Pauner del Lhotse e hice una cobertura etapa por etapa del Tour de Francia. Escribí reportajes de investigación, entre los que destaco uno que titulé ‘La cantera es la argentina’, sobre el Real Zaragoza, en el que demostraba que desde los primeros años noventa hasta la actualidad siempre había habido jugadores argentinos en la primera plantilla, casi más que aragoneses y siempre con más participación y peso en el equipo que los chicos de casa. Tónica que se ha roto este año, cuando ya no hay ningún argentino en el equipo. Tenía mi propia sección en la web, donde subía todos mis artículos personales y entrevistas. Se llamaba ‘Desde la grada’. Curiosamente, años después me enteré de que el colaborador habitual creó uno llamado igual para un diario aragonés online.

Pasé tres meses de becario, cobrando 450 euros y dos más, trabajando por 425 euros y haciendo jornada completa, sin contrato, sin recibir nómina alguna, como un autónomo que trabaja por obra y servicio, pero sin ser autónomo, motivo por el cual empecé a sentirme poco valorado. Puedo trabajar por poco dinero, pero no podía pagar el alquiler ni llegar holgadamente a fin de mes, menos aún podía competir contra equipos de ocho personas con mayores salarios y más recursos que los míos. Me sentía incómodo. El jefe estaba empeñado en crear un diario online. El colaborador que diariamente escribía una columna diaria era un periodista mayor que yo con experiencia en radios y periódicos. A finales de agosto se incorporó como redactor junto a mi. También llegó un community manager al que enseñé a escribir (no era periodista) y el jefe empezó a estar más animado.

El 31 de agosto, después de escuchar numerosos consejos de amigos y familiares, me armé de valor y tomé una decisión de la que me he arrepentido muchas veces. Le dije a mi jefe que no quería trabajar ocho horas diarias por 425 euros. Que entendía que no pudiera pagarme más, así que le pedí hacer media jornada. El compañero redactor tenía un sueldo completo, él era autónomo. Me parecía justo lo que pedía. Me dijo que ya hablaríamos, que entendía mi petición.

Aquella misma tarde recibí su llamada y escuché: «Que…creo que voy a buscar a otra persona…». Me quedé pálido. Una voz interior me había advertido de que aquello podía pasar. Al día siguiente me dijo que me veía desmotivado, que era una decisión empresarial. Otra vez escuchaba esa expresión. Sin embargo, me dijo que estaba contento con mi trabajo. Menos mal.

Esa noche me guardé los links de todas mis entrevistas, reportajes y artículos destacados. No quería perder nada. Pero…la pereza que me dio copiar y pegar los textos en un documento de Word me pasó factura. Era algo que quería hacer pero nunca me ponía a hacerlo. Meses después quise leer alguna de mis obras pero los links estaban rotos. Llamé a la oficina y el jefe no me supo dar una respuesta. Llamé al compañero community manager, que aún seguía (y sigue) y me comentó que hacía meses habían borrado mi usuario del servidor para dejar espacio…y que igual se había perdido algo… En fin, se había perdido todo lo que había escrito. TODO.

Hice una búsqueda más profunda y pude rescatar cosas que habían sido copiadas y publicadas en foros u otras webs. Recuperé mi reportaje sobre la cantera argentina y alguna velada de artes marciales mixtas, pero poco más. Mi mayor obra, mi gran obra profesional, está perdida. Ni la biblioteca de Alejandría se puede comparar a la importancia y el dolor que me causa haber perdido el grueso de todo lo que escribí entre los meses de abril y agosto de 2011.

Maldita red y maldita sea mi pereza por no guardarme los textos.

Por cierto, el jefe vendió la web y hoy es un proyecto muy amateur. Y a riesgo de que se me tache de arrogante, voy a decir que nunca he vuelto a leer en esa web reportajes ni entrevistas con la misma profundidad que la mía.

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