La bruja, una delicia

Voy a hablar de una película que me ha encantando y con la que he disfrutado enormemente de principio a fin: The Witch (La Bruja), la ópera prima de Robert Eggers, que debuta como director y guionista de un largometraje. Y lo hace con muy buen gusto, en mi opinión. Voy a hablar de lo que me ha gustado, desvelando algunos detalles del argumento.

Conocí esta película a través de la programación del pasado Festival de Cine Fantástico de Sitges. La Bruja fue el título elegido para la inauguración del festival y recibió unas críticas excelentes de expertos y público. Desde entonces llamó mi atención. La calidad de la fotografía, la espesura de sus bosques, la iluminación natural de espacios abiertos con días nublados, el realismo del vestuario y, sobre todo, la desaparición del bebé que se mostraba en el tráiler. Todos estos elementos, unidos al nombre de la obra eran ya motivos más que suficientes para desear verla.

Anya Taylor-Joy y Robert Eggers en el Festival de Sitges 2015.

Durante las últimas semanas había oído críticas de personas de mi entorno que la habían visto y no les había gustado. Me habían dicho que era lenta, un rollo, que no tenía sentido, que no se entiende nada, que es aburrida, que no pasa nada y que no merecía la pena. Bien, ya tenía más ganas aún de verla. Soy especialista en adorar películas que otros repudian y viceversa.

Me gusta esta película porque Robert Eggers (que, por cierto, ganó el premio de Mejor director en el Festival de Sundance) plantea una trama con un pequeño reparto, prácticamente desconocido, que realiza un trabajo interpretativo sublime. A excepción de la primera y la última escena, solo vemos a una familia muy cristiana tratando de subsistir en un territorio duro y frío, luchando contra la adversidad para sacar adelante su cosecha de maíz, con sus profundas creencias religiosas por bandera. La protagonista es Thomasin, interpretada por la joven actriz Anya Taylor-Joy, que también debuta en la gran pantalla y que transmite sensaciones en cada una de sus escenas. Es muy expresiva y llega a mostrar dulzura, pena, tristeza, desesperación y auténtico pánico.

Distintos carteles promocionales.

Además es un personaje con una evolución muy interesante. Me encanta cómo bromea acerca de sus prácticas de brujería con su hermana pequeña, que resulta que ésta, con su mellizo, habla realmente con un espíritu (punto fundamental de la trama, desvelado más adelante); derrite al espectador cuando juega con su hermano Caleb (interpretado por Harvey Scrimshaw, que también está en su primer papel importante), el cual siente curiosidad por su pecho recién desarrollado (tremendo detalle, muy natural); hace sentir lástima cuando la acusan de coquetear con la brujería y lo niega hasta la saciedad y deja a todos helados cuando, finalmente, se deja llevar al aquelarre.

La Bruja es una película de terror. Pero no tiene esos sustos/saltos del Expediente Warren, por ejemplo, ni escenas violentas tipo Saw, ni personajes terroríficos como en la Casa de los 1000 cadáveres, por poner unos pocos ejemplos representativos. Es otro estilo. La trama va haciendo que el espectador se revuelva en el asiento y empiece a sentir compasión por las desgracias que le suceden a la familia. Es lenta, pero no aburrida. Dicen que este tipo de películas es de culto o de autor (no me gusta esa expresión, pues todas las películas tienen autoría) pero considero que es más de nicho, por eso entiendo que a la gente que no le interese el género fantástico o el de brujería en concreto no le haya gustado.

A parte de la fotografía, el vestuario, la interpretación y los hechos en sí, hay unas cuantas escenas que me parecen muy potentes: la secuencia del intento de exorcismo de Caleb, con toda la familia rezando alrededor, con el niño vomitando una manzana; el cuervo picoteando el pezón de la madre; la lucha a muerte entre la enloquecida madre y Thomasin; la aparición del macho cabrío atacando al padre y, cómo no, el aquelarre final.

Además, es muy original ver cómo se presentan tres modalidades de brujas: la anciana decrépita a la que sólo vemos de espaldas mientras se baña con las entrañas de un bebé, la atractiva y voluptuosa mujer que seduce a Caleb y el grupo de mujeres que bailan alrededor del fuego una danza ritual. Todo delicioso para el espectador amante de este género.

Es una de esas películas que después de verla te dejan con distintas interpretaciones sobre lo que ha pasado y el por qué. Hay quien sale preguntándose si todo ha sido una alucinación, si la familia ha sido condenada por el pueblo que les ha expulsado al principio, si la propia sugestión, causada por las supersticiones religiosas ha sido la causante de todo o si realmente hay una bruja, u otro ente maligno, que les acecha y cada miembro lo percibe con una personificación diferente. Ésta última es la mía.

Sea como sea, La Bruja es una película con escaso presupuesto que está teniendo éxito de crítica y taquilla, pues fue creada con 3.500.000 dólares, en la semana de su estreno, el 19 de febrero, recaudó más de 8 millones y a fecha del 20 de mayo ya lleva más de 25 millones de recaudación sólo en Estados Unidos según fuentes de IMBD.

Realmente la recomiendo a todos los amantes del terror, el suspense, el cine fantástico y a quienes quieran ver algo sobrecogedor.

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