Música flotante bajo las montañas

Cae la noche en Lanuza, los coches buscan aparcamiento siguiendo hacia el este, estacionando a un lado de la estrecha carretera, alargando la hilera hasta casi llegar a Panticosa. En la otra dirección, la cola para entrar al escenario principal de Pirineos Sur se acerca cada vez más a Sallent.

20160730_212253

Se escuchan distintos tipos de acentos. Hay quien dice que vienen de Boltaña, de Jaca, de Huesca, de Zaragoza, de Barcelona, de Bilbao…algunos de propio, otros porque están veraneando en la zona. Hasta tres generaciones se dan cita para ver el broche final a la programación musical del XXV Festival de Pirineos Sur.

Dentro del recinto, las gradas semicirculares, al estilo anfiteatro romano, el escenario flotante a unos diez metros de la orilla, las montañas y el cielo, cada vez más estrellado, conforman un lugar mágico. Es, sin duda, uno de los lugares más hermosos para disfrutar de un concierto. El pueblo de Lanuza  se encuentra vallado, puede que para proteger a sus habitantes del gentío.

A las diez de la noche el murmullo general de las más de 5.000 personas que se han dado cita se sustituye por gritos y pitos reclamando la salida a escena del músico. Se repiten otras dos veces, cada cinco minutos. Pasadas las diez y cuarto se apagan las luces y se encienden los focos del escenario. Los miembros de la banda aparecen entre aplausos y vítores. Empiezan a tocar, pero falta el cantante. Se hace esperar. Domina el escenario a la perfección y sabe hacerse esperar. Empiezan a corear su nombre de pila. Aparece con micrófono en mano y los brazos alzados. Sin sombrero ni las uñas pintadas, parece que esa etapa ha quedado atrás, pero con gafas de sol.

20160730_234938

El ilustre aragonés errante se mete en el bolsillo al público con el primer tema de la noche, ‘Iberia sumergida’, pero no la versión original, sino la semiacústica publicada en el último disco directo, ‘MTV Unplugged. El libro de las mutaciones’ (un disco que definió como «acústico entre comillas, porque todos estábamos enchufados. Es un disco orgánico, biológico, dinámico…Y coló»). La gente la canta con entusiasmo. A mi no me gusta esta adaptación, pues pierde fuerza respecto a la clásica, pero el intérprete y el respetable la disfrutan. Le sigue ‘El club de los Imposibles’, casi idéntica a la original. Esta me gusta más. Al terminar el segundo tema se quita las gafas de sol, saluda y da gracias a la organización del festival por invitarle, por segunda vez (la primera fue hace quince años) y explica que también está celebrando algo, sus «30 años de mutaciones» y que va a tocar temas de todas las etapas de su carrera. Se entiende que todas las canciones van a sonar revisadas.

Sigue con ‘Los Inmortales’, ‘Dos clavos a mis alas’, ‘Que tengas suertecita’. La banda, Los Santos Inocentes, funciona como un reloj. Se adapta a todo lo que pide el líder. Todos los músicos saben quién es la cara visible y le acompañan a la perfección en todo lo que pide. Tocan rock, melodías semibaladas, rancheras y esa clásica fusión de sonidos que han caracterizado su carrera, entre lo circense y lo étnico/latino. Personalmente creo que nunca ha estado más a gusto en el escenario. Esta banda le sienta bien. Quiero destacar en la guitarra solista a Jordi Mena, que luce su profesionalidad y hace la mayoría de los solos. Le da el punto más cañero a todas las canciones.

Vuelve a revisar temas de su primera etapa, con  ‘El camino del exceso’ y ‘Avalancha’. La primera mejora la versión original, con un solo de hammond muy setentero de un inspiradísimo Jorge Rebenaque. La segunda no me gusta. Le quita todo el sonido rockero y la convierte en una canción demasiado lenta como para olvidar la original. Esa es mi humilde opinión. Pero respeto la decisión del autor de hacer con sus canciones lo que quiera.

Con ‘El Extranjero’ llegó el momento verbenero de la noche. Rebenaque cambió el teclado por el acordeón y el público saltó y cantó con entusiasmo. Es un tema inolvidable, de ‘Pequeño’, de su primera etapa en solitario, con una letra muy acertada para el festival: «Ni patria, ni bandera/ Ni raza, ni condición/ Ni límites, ni fronteras/ Extranjero soy». Le sigue ‘Inifinto’, del mismo álbum, clavada a la original. Hermosa, como siempre, con su dramática letra. Con ‘Ven y camina conmigo’ vuelve a revisar su último trabajo.

El tema que mejor sale de las mutaciones de la noche, para mi, es ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’. Suena mucho más contundente, más rockero y con toques muy blueseros. La voz suena agresiva, la batería de Ramón Gacías es mucho más demoledora que en el estudio. En esta ocasión Álvaro Suite es el encargado de hacer un solo de guitarra con mucha rabia. Sin pausa para terminar de saborear suena ‘Despierta’, el primer single de ‘Palosanto’, el último trabajo de estudio hasta la fecha. Sin muchos cambios respecto a la original. Suite vuelve a ser el encargado de la parte más visible de la guitarra eléctrica. Se agradece ver el reparto de solos entre Mena y Suite, ya que éste ha pasado buena parte del concierto en un segundo plano con la guitarra acústica.

Pasadas hora y media de actuación, la estrella más brillante de la noche pide disculpas, dice estar acatarrado y ahogado. «Siento hacer esto, pero les pido disculpas, tendríamos que haber cancelado este concierto». Y se despide tocando ‘Maldito Duente’, con un nuevo estilo. Menos melódico y más rockero que el himno original. Esta canción también gana con su mutación.

Al regresar, tras unos minutos de aplausos y cantos que piden más y tras un discurso de agradecimiento, con una voz tomada, cambio de vestuario, una larga corbata al cuello y sombrero, se oyen nuevas disculpas por si lo que viene no está a la altura: «Vamos a seguir mientras pueda, cuando me falle del todo la voz, me disculparán y me llevarán en ataúd».

‘El Rescate’ y ‘De todo el mundo’ le dan un respiro. Suenan como dos bellas baladas, cargadas de pasión. Presenta ‘Mar adentro’ como «una canción de nuestro primer disco», curiosamente. Como si Los Santos Inocentes fueran su banda de toda la vida, aunque casi suenan como tal. Este tema está totalmente renovado. Ha mantenido la letra y ha cambiado toda la música, hasta la propia melodía característica. El bajo de Robert Castellanos tiene mucha presencia. Suena bien. Distinto. Extraño. Pero bien. Incluso tiene un solo que no tenía.

‘Lady Blue’ también suena diferente, menos melódica. Es curioso ver cómo mete caña en algunas canciones que eran lentas y hace melódicas las más rockeras. Quiero destacar  de este tema el solo con pedal de Álvaro Suite. ‘La chispa adecuada’ suena casi en acústico, sin el famoso in crecendo final. Prefiero la versión clásica. Jordi Mena toca el lap steel esta vez. Con ‘Los Habitantes’ volvemos al rock más emotivo. La tocan más acelerada y con más contundencia. Además, Mena hace el solo con aún más garra que en el disco (para mi, el mejor solo de toda la discografía). Me emociono solo al recordarlo. ‘… Y al final’ cierra la noche con la banda tocando y el público bailando. Literalmente, muchas parejas, amigos y desconocidos bailan agarrados como si de un vals se tratara.

Fue un concierto con un sonido impecable y un escenario precioso, con el pantano de Lanuza, la isla que es el escenario y los Pirineos alrededor. Nunca lo olvidaré, pues disfruté como fan enormemente, pese a las versiones que no me gustaron. Y es que siempre lo paso en grande con los conciertos de Bunbury.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s