Dolor, sudor, frustación

Este es un relato autobiográfico. Hacía tiempo que  no compartía por aquí uno de estos, es una cuestión de inspiraciones. Espero que alguien perciba la inspiración que Bukowski ha supuesto para mi en este tipo de escritos.

Matt Dillon como Chinaski (alter ego de Bukowski)i en ‘Factotum’.

Suena la campana y nos vamos todos hacia los vestuarios. Hay sonrisas entre los compañeros por ver terminada la jornada. Unos corren para cambiarse y meterse en el autobús de vuelta a la ciudad cuanto antes. Otros van a su ritmo, vienen en coche y les da igual correr. Por las escaleras huele a culo. A sudor, a mierda. Pura mierda. Dentro del vestuario es peor aún. Sobacos y cojones sudados. Asqueroso. Me pregunto cómo olerá en el de mujeres. También sudan, pero las pocas compañeras con las que me cruzo en la fábrica siempre huelen a colonia. Algunos tíos también, pero su aroma sucumbe al hedor de la muchedumbre.

Dentro del autobús no es mejor. Huele a pies. Es horrible. Me duelen las manos, de estar agarrando piezas irregulares durante ocho horas. Me duele la espalda. Siempre me duele. Me duele el cuello, las putas máquinas están demasiado bajas para mi altura. Encima, me duele el costado, de algún golpe con los contenedores. Y la cabeza. Supongo que de no dormir lo que necesito. Odio madrugar.

Estoy sudando. Lo siento por la ropa limpia que traía. Es lo que hay. Siempre estoy sudando aquí. Sudo porque corro para llegar a tiempo al autobús, soy un desastre con la puntualidad. Sudo porque hace calor fuera y dentro de la fábrica. Sudo porque me muevo en el trabajo. Sudo porque en el autobús también hace calor y aunque pongan el aire acondicionado sudo porque tengo la espalda apoyada al asiento. Me suda todo el cuerpo. Me doy asco. Me dan asco los de alrededor. Todo me asquea.

Muchos compañeros están felices. Algunos llevan media vida trabajando en esta empresa, para ellos este momento del día es su momento. Son felices por seguir trabajando en lo suyo. No han tenido otras aspiraciones en la vida. O, si las han tenido, están sepultadas por la estabilidad de su empleo y el nivel salarial que perciben. Otros están callados, mirando sus móviles. Impasibles a su alrededor. Otros tienen la mirada triste y resignada.

Yo estoy triste, casi siempre lo estoy cuando vuelvo con el cuerpo dolorido. Yo era periodista, pero la vida me ha situado aquí. Me pregunto, como casi todos los días, si debería de haber hecho algo distinto para evitar caer aquí. A lo mejor tendría que haber tomado otras decisiones, hacer un esfuerzo más en otros lugares para dar a conocer mi talento. Si es que lo tengo. Me arrepiento de haber aceptado este trabajo, aunque era lo único que tenía para elegir. Me arrepiento de haber acabado donde estoy. Encima, en la radio del conductor, escucho la voz de un excompañero de clase hablando de política. Mierda. Uno que solo suda por el calor del ambiente y no por coger piezas. A ese el culo le olerá mal después de horas sentado en la silla de la emisora.

Joder.

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