El viaje de nuestra vida VI

Día 6 Ålesund

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El barco lleva un rato navegando en aguas tranquilas, entre varias islas que adornan una preciosa estampa en el calmado mar. Desde el balcón del camarote Julia y Víctor no paran de tirar fotos. Llegando al puerto de Alesund el crucero empieza a virar a babor y el centro de la ciudad, que se encuentra situada en la zona de fiordos más occidental de Noruega, aparece poco a poco, mostrando su característica arquitectura, que fusiona Art Nouveau con antiguas edificaciones clásicas y medievales, muchas de ellas hacen referencia a la época vikinga con grabados y esculturas. Está formada por siete islas que componen uno de los lugares más emblemáticos del país.

Lo que más llama la atención al atracar en Alesund es que la ciudad no solo se extiende en varias islas, sino que también lo hace a lo alto de las escarpadas montañas de las mismas, que se elevan a gran altura del nivel del mar.

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Antes de subir al autobús, Víctor bromea con Javier, el hombre mexicano del matrimonio que les acompaña en las excursiones, acerca de un inmenso mirador que se encuentra en el punto más alto de la ciudad. “Estaría bien subir ahí arriba, tiene que ser genial para el autobús”. “Bueno, a mi me dejan abajo y ya me enseñan las fotos”. Julia está con Gloria, la mujer de Javier, intentando activar el wifi del móvil en el centro de información del puerto.

El guía de hoy es un chico joven, de Castellón, con ciudadanía noruega, de voz serena y con rastas recogidas en una coleta. Mientras el autobús sale de la ciudad les habla de la fábrica lechera local, que elabora uno de los quesos marrones tradicionales más conocidos de noruega. Una mujer mayor, argentina, muy avispada, pregunta por qué le llaman queso marrón. El guía intenta explicarle, con palabras amables, que es por el color del mismo queso. En fin.

Al salir de la ciudad se internan en uno de los túneles del entramado que conecta todas las islas de Alesund. El guía cuenta que algunas también están comunicadas por puentes. Mientras avanzan en el túnel bajan a una profundidad de 500 metros. Julia se estremece al pensar que se encuentra en las profundidades del subsuelo. Entonces el guía, inconscientemente, les saca a todos de su momento de pánico al hablarles de la construcción, del enorme proyecto que supuso para el país, una obra maestra de la ingeniería noruega, además, ese puente en concreto se construyó “en tiempo récord, porque dijeron que lo harían en X tiempo y lo hicieron en menos”. Olé por los detalles del chaval.

Viajan por Hovland, Valderøya y entonces empieza a hablarles de la leyenda de Hrolf Ganger, un caudillo vikingo más conocido como Rollo o Rollon, que nació en Alesund según la mayoría de las fuentes históricas, y posiblemente en la isla de Giske. El éxito de la serie de televisión ‘Vikings’ ha hecho más conocido a este personaje últimamente. Habla tanto de Rollo (que tiene una biografía extraordinaria, ya que, entre otras cosas, fue el fundador de la dinastía de los duques de Normandía) que se olvida mandar parar al conductor en Giske para visitar su iglesia de mármol. Cruzan sin más. Entonces, al llegar a Godøy, otra preciosa isla con pueblecitos de cuento que maravillan a Julia y Víctor, piensa que están en otra, a punto de llegar, y no se da cuenta que el autobús se dirige a Alnes, un pueblo situado en un cabo con un majestuoso fiordo en la costa y un faro, cuya parada estaba en el itinerario programada para más tarde. Al encontrarse en Alnes se queda mudo. Un murmullo recorre el autobús y al final explica que van a visitar el faro. Sale del paso como puede.

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Alnes es un pueblo pequeñito y acogedor de Godøy, donde Julia y Víctor encuentran una parcela para construir su casa, cerca de la costa. Suben al faro, que está recién restaurado, aunque ya no se usa para su cometido original. A la pareja les recuerda al de Pilsum, en Alemania. A Julia le encantan los faros. Alnes tiene también una playa de arena construida por la naturaleza recientemente. La costa es pedregosa en su máxima extensión y no tiene playas, pero una tormenta marítima de hace unos meses creó esa nueva playa.  Al bajar del faro y recorrer los alrededores Julia se emociona y se dirige a hacia allí, mientras el grupo se va hacia el autobús. Víctor la llama a gritos, pero la brisa marina se los lleva y el encanto del lugar embriaga a la joven de cabellos dorados, más que de costumbre, que grita en alto, con alegría y rabia “¡no me quiero ir de aquí, no me quiero ir de aquí!”.

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Al final tiene que volver a la realidad del bus, siendo los últimos en subir. Entonces vuelven a Giske, la única isla totalmente plana de la zona, para visitar, esta vez sí, su famosa iglesia. Fue construída en el año 1170 con mármol traído en barco de un lugar que aún se desconoce, por la familia de Giske, que eran miembros de la nobleza. Hoy en día la pared interior está cubierta de yeso y la exterior por tiza. En su origen era una capilla familiar y alrededor de la misma hay un antiguo cementerio en el que la mayoría de los apellidos son Giske o Giskegaard. En este punto del viaje Julia y Víctor se separan. Ella se va a hacer fotos por la isla y él se queda a ver la visita de la iglesia. Julia da rienda suelta a su creatividad y explora las posibilidades de su cámara, disfrutando del lugar y del momento.

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La siguiente parada ya será en el mismo Alesund, en el mirador que tanto ha maravillado a todo el mundo por la mañana, por su altura y la distancia a la que se encuentra del suelo. Por el camino el guía se cubre de gloria con alguna explicación del tipo “esto ocurrió entre el año 1500 y 1600 y pico”, no se coge los dedos. Perfecto. Pero también tiene su momento al hablar de la evolución de los dialectos en Noruega, conectados por los ríos; del sistema de gobierno noruego, tradicionalmente socialdemócrata hasta hace unos años; de la pesca, sobre todo del salmón y arenque; de la economía, una de las más prósperas del mundo; así como de otros temas sociales.

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Desde el mirador, insertado en una montaña boscosa, al que llegan por una sinuosa y estrecha carretera, contemplan las islas de alrededor en una majestuosa panorámica. Desde allí observan cómo el barco del crucero es casi tan alto como el edificio de más alturas de la ciudad. Después de volver al puerto, llega el rato libre, en el que la pareja recorre las calles del centro histórico de Alesund. Viendo sus edificios art nouveau, las figuras de vikingos en las casas antiguas, el río que divide la ciudad y todo lo que les da tiempo antes de volver a embarcarse.

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Atardeciendo verán cómo el barco navega para salir de las islas e islotes montañosos que forman la provincia de Møre og Romsdal, moviéndose por la marea y el viento cada vez más, con un gran sabor de boca después de haber visitado, aunque solo sean dos días, un país precioso y lleno de maravillas que aún les quedan por ver. Pero eso será en otro viaje.

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