Todos necesitamos ver a nuestro héroe brillar

Soy de los que piensan que el mundo necesita héroes a los que admirar, cuyas hazañas demuestren que para conseguir los objetivos de tu vida diaria necesitas esforzarte, luchar hasta la extenuación, hacer lo correcto, ayudar a los necesitados y sacrificar cosas, hasta uno mismo, cuando sea necesario. Kerengi dice que los héroes reciben el culto de los hombres, llegando a momentos en que la gente corriente requiere de la ayuda de los héroes para su propia salvación.

Ese héroe responsable de hacernos llegar la salvación, dada la situación en que nos encontramos los privilegiados que vivimos en el primer mundo, no tiene por qué estar representado como una persona física, ni real. No todo el mundo necesita la llegada de un mesías, ni de una imagen a idolatrar, aunque sí es necesaria, en mi opinión, todavía en muchos países subdesarrollados y en pueblos gobernados por dictadores o presidentes tiránicos, muchos de ellos permitidos deliberadamente por la ONU. Pero no voy a hablar de eso.

Me refiero a que el pueblo llano de muchos países aún azotados por la crisis económica, personas que viven con necesidades, pero no alimenticias, que trabajan en sectores que no les motivan, que viven lejos de su vocación, que no han podido realizarse laboral ni profesionalmente para llegar a ser las personas que deseaban ser, viven ávidos de héroes ficticios (ya sean literarios, cinematográficos o hasta deportivos) a los que idolatrar y disfrutar viendo sus grandes logros y hazañas. Es la importancia que hoy en día ha recogido el ocio. Ese ocio necesario para alcanzar la estabilidad mental en quienes necesitan una vía de escape vital ocasional. Ya se sienten afortunados por no vivir una realidad bélica, indigente ni tiránica, pero necesitan algo más.

Cuando la realización personal no se alcanza en el día a día, las jornadas rutinarias mejoran cuando el individuo llega a su tiempo libre y disfruta desconectando su mente de los problemas, enfocando sus pensamientos en actividades que le ayudan a disfrutar de una vida paralela, llena de sensaciones, sueños, experiencias estéticas, oníricas y, por supuesto, fantasiosas y fantásticas. Son esas actividades que, una vez terminadas, se repasan mentalmente en la cama, disfrutándolas una y otra vez, soñando que eres tú mismo quien las realiza.

Es egoísta sentirse frustrado por vivir sin pasar hambre, penurias ni tragedias, pero es que todo el mundo tiene derecho a necesitar alcanzar la felicidad a través de otros sentidos, aunque sea consciente de que los males del mundo son otros.

Por ello, cuando vemos que nuestros héroes ficticios -aquellos que fueron producto del imaginario de otras personas, a veces de autores, otras de leyendas urbanas transmitidas durante miles de generaciones- entrar en acción, sea a través del soporte que sea, esperamos que tengan una actuación digna de ser idolatrada, que sus palabras, sus acciones y sus logros estén acordes con aquello que en su día hicieron para que llegaran a ser para ti unos auténticos héroes. Y cuando no lo vemos, entramos en la frustración.

Cuando vemos a nuestro héroe lejos de ser el protagonista principal de su historia, eclipsado por el protagonismo de otro, a quien también admiramos pero no idolatramos, caemos en una espiral de decepción difícil de ser superada.

Si se trata de un ídolo deportivo, esperaremos verlo lograr los mayores éxitos. Si es un autor literario, musical, plástico o cinematográfico, esperaremos que sus creaciones sean auténticas obras maestras que marquen un hito en la historia de su arte. Y si son ídolos ficticios, personajes de historias, querremos que sean los absolutos protagonistas. Y no nos conformaremos con verles superar una crisis de identidad. Tampoco puede que sea un sacrificio épico lo que queramos. Querremos que la historia gire en torno a él o ella por sus actos y no por su fama. Y querremos que sea la piedra fundamental de la estructura, la estrella más brillante de todas, la voz que se alce sobre el resto del coro. No es mucho pedir, sino simplemente lo que cualquier imaginación hará que una mente soñadora derive.

Y cuando no lo veamos así, o lo que veamos no nos resulte suficiente ni de lejos, esa divinidad ficticia a la que rendimos pleitesía, ese espejo en que mirarnos y ese apoyo para ayudarnos a entretenernos y mirar más allá de los problemas diarios, ese punto en común que disfrutar con tus seres más queridos (pareja, familiares, mejores amistades, etc.) quedará lejos de conseguir su objetivo. O tu objetivo.

Hay que pensar que cuando un héroe ficticio aparece en una historia que te defrauda lo hace porque otra persona lo ha ideado de una manera distinta a la tuya, es una estupidez que muchas veces olvidamos. Pero es real. Hace que sientas que caes en el ridículo al lamentarte. Pero es inevitable. Y cuando vuelves a ver esa historia y ves a tu héroe de nuevo, sin llegar a realizar lo que esperabas con tanta ansia, difícilmente puedes llegar a disfrutar con esa historia y sus hazañas. E inevitablemente vuelves a sentir que esas mentes creativas te han decepcionado al maltratar a tu héroe. No te queda otra que esperar, quien sabe cuanto tiempo, a ver una nueva historia que mejore la anterior, con toda la paciencia que seas capaz de reunir, aunque ya lo hayas hecho varias veces. Eso, o volver a disfrutar de antiguas que sí te convencieron.

Esto es lo que siento después de haber visto otra vez Batman v Superman.

1 comentario en “Todos necesitamos ver a nuestro héroe brillar

  1. Ni en la vida real ni en la ficticia las cosas no siempre se desarrollan como uno espera. Pero en ningún caso un personaje de la ficción debe ser más que un buen entretenimiento. Cada uno debe intentar en la medida posible ser el mismo un héroe, esto satisface mucho más, que solo ver a un ídolo ficticio en un papel en el cine que consigue todo. Si no, esto se convierte en un circo romano, donde los gobernantes pacificaron al pueblo con juegos, para que no se vieran el desastre en que vivieron en parte por culpa de los que mandaron.

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